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Antonio Mulas reconoce que es muy feliz con lo que hace. G. C.
«Voy a seguir trabajando porque estoy en perfectas condiciones»

«Voy a seguir trabajando porque estoy en perfectas condiciones»

Cumplidos ya los 65 años y totalmente recuperado de un ictus, asegura que no se jubilará hasta 2023 porque es muy feliz con lo que hace

Martes, 10 de agosto 2021

En 2017, a los pocos meses de sufrir un ictus de intensidad leve, Antonio García Martín de las Mulas confesó a HOY que se jubilaría a los 67 años.

Hoy en 2021, Antonio Mulas, como se le conoce de forma coloquial, con unos 65 años envidiables y ya plenamente recuperado, se reafirma en que no se jubilará hasta 2023 y no se plantea dejar tampoco sus responsabilidades sociales en colectivos y organizaciones como el Banco de Sangre en Almendralejo.

«Ese año se jubila mi mujer y ¿qué hago yo?, pasear, no, voy a seguir trabajando porque estoy en perfectas condiciones».

Incluso duda si en esa fecha se jubilará de todas sus ocupaciones, «no lo sé, esa duda la tengo todavía, pero creo que sí».

Será entonces el momento de recuperar para sí el tiempo dedicado a los demás durante varias décadas y que lo empleará sobre todo en hacer deporte.

Su preferencia es el senderismo.«Tengo muchas cosas que hacer. El camino de Santiago es lo primero, pero desde Navarra a Santiago. Quiero estar un mes o dos andando por ahí. Y luego diferentes actividades».

Lo segundo, restaurar un tresillo isabelino de su abuela. «No es que me guste restaurar muebles, es que me gusta quedar las cosas bien. Acabo de ver un defecto en una farola y ahora iré al ayuntamiento a decirlo para que lo arreglen.

Así es Antonio Mulas, que se declara detallista y maniático de las cosas bien hechas. «Un mínimo detalle dice mucho de una persona. A veces la diferencia está en el detalle».

Antonio nació en Venezuela, país al que se trasladaron sus padres en los años 50, él de Nogales y su madre de Almendralejo, junto a otros tíos paternos para buscar una vida mejor.

A los seis años regresó a España con su madre y su hermano, y su bicicleta Aurora, cuando sus padres se separaron, pero su padre y el resto de familia continuó en ese país americano. Allí Mulas regresaría poco antes de casarse para completar un viaje que le devolvió con su pasado y sus primeros recuerdos.

Entre las curiosidades de su vida, ha tenido el estatus de extranjero hasta casi los 50 años porque no había completado el sencillo trámite que lo habilitaba como español de pleno derecho, al ser hijo de españoles. «Es que me daba igual».

Cuando terminó sus estudios de Enfermería, se fue a trabajar, como muchos de sus compañeros al Hospital de Don Benito-Villanueva y no regresó a Almendralejo el 30 de julio de 1976 y lo hizo para hacer una sustitución a Manuel Moreno Tejero en la Casa de Socorro.

«Mi vida laboral ha sido muy ajetreada», reconoce.

Después de cuarenta años ejerciendo como enfermero asegura que «estoy muy feliz así, trabajando por mi cuenta por decisión propia y no me he arrepentido en ningún momento. Ahora que trabajo como un negro» y lo hace los siete días de la semana y «no tengo horario, pero no me ha importado». «Siempre he ejercido como libre».

Desde que llegó a Almendralejo ha compaginado su consulta de enfermería con otros trabajos eventuales para administraciones públicas, como sustituciones en el centro de salud o en la piscina municipal.

Precisamente mucha gente le recuerda de esa época como enfermero en la piscina de verano, una etapa en la que pudo poner en práctica su afición por el deporte y forjar alguna de las amistades que ha mantenido toda su vida con personas relacionadas con distintas disciplinas. «Yo soy un enamorado del deporte. No he destacado en nada, pero me gusta nadar, me encanta correr, me gusta el frontenis y la bicicleta».

Entre sus mayores proezas, que recuerda con mucho cariño, es cuando un grupo de cuatro amigos corrieron desde Almendralejo hasta Los Santos de Maimona con un coche escoba como acompañante. «Llegamos, nos bañamos y nos vinimos».

Una de sus primeras incursiones en el mundo del voluntariado fue la puesta en marcha del primer triatlón de Almendralejo con otros aficionados y amigos como Fernando Martínez.

«Todavía me acuerdo que nos íbamos a las cuatro de la mañana a preparar la Piedad o a barrer la gravilla de la carretera de Alange para que las bicicletas no resbalaran al llegar a la ciudad».

Pero para Mulas, lo más importante que ha hecho para los demás ha sido fundar en Almendralejo la asociación Alrex para rehabilitar a enfermos alcohólicos y arreglar muchos dramas familiares.

Precisamente el paso lo dio cuando el padre de un amigo le pidió ayuda para salir del alcoholismo. Lo cuenta emocionado y se le saltan las lágrimas cuando recuerda el momento.

Eso motivó que acudiera a Zafra, donde ya funcionaba Alrex, para interesarse y poder crear la asociación en Almendralejo después de un tiempo desplazando a enfermos hasta esa ciudad para que acudieran a las terapias. Allí curiosamente se encontró con dos autoridades que tenían el mismo propósito.

Y no sólo puso las semillas de la asociación, sino que durante muchos años estuvo ayudando a enfermos a dejar el alcoholismo.

Años después llegaría años la propuesta para que crease una asociación de donantes de sangre en Almendralejo. «Como no ser decir que no» y ríe cuando lo cuenta.

Hoy sigue ejerciendo esa labor de coordinador de la asociación, que inició en 1994, lo que le llena de orgullo.

«Se salvan vidas de manera anónima y altruista. Encima el donante está poco reconocido. Ni el donante sabe el valor de lo que está haciendo, el alcance de esa bolsa».

Nunca ha parado de hacer cosas por los demás. «Siempre he sido muy activo, lo hago porque me gusta» y lo dice riéndose, a pesar de que eso le resta el poco tiempo libre del que dispone.

Hace unos años sufrió un ictus, que califica de «muy leve», pero le dejó como secuela una aguda depresión que le mantuvo de baja un año. «No sabéis lo que es eso. Te sientes como aislado, como si hubiera una barrera de cristal entre la gente y tú».

Pero ya se reconoce totalmente recuperado y, por supuesto, luciendo su eterna sonrisa. Ni siquiera la ha perdido en la pandemia, cuando ha habido momentos en los que «en la calle sólo estábamos la policía y yo, porque tenía que curar a un paciente por las noches».

El futuro lo sigue viendo con optimismo, «porque soy optimista por naturaleza», pero reconoce que estamos viviendo una situación a nivel global es muy complicada y «las personas que dicen que van a arreglar esto, pues no tienen intención de arreglarlo».

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