

Domingo Durán estaba predestinado a ser bombero. Hijo del antiguo jefe del parque de Almendralejo, lleva ya 36 años de servicio. Ahora, a sus 57 años y con una experiencia como jefe del parque comarcal de bomberos de 12 años, Domingo asegura que ser bombero es la mejor profesión del mundo.
-¿Has cumplido tus sueños?
-Evidentemente. Una de las cosas de las que más me siento orgulloso es de haber podido sustituir a mi padre en el cargo que él tenía y que yo he intentado acceder. Desde que empecé a ser bombero, siempre soñé con ser el jefe del parque de Almendralejo para servir lo mejor posible a los ciudadanos para servir lo mejor posible a los almendralejenses. Esa siempre ha sido mi premisa, ser jefe de donde he nacido, me he criado y he vivido.
-¿Qué es lo mejor de ser bombero?
-Pues lo mejor es ayudar a las personas que verdaderamente lo necesitan. Y cuando salvas o ayudas a una persona a sacarla del apuro donde está, sea más grave o menos grave, eso es una satisfacción muy, muy, muy grande.
-Además, parece que el cuerpo de bomberos está muy reconocido socialmente.
-Bueno, la sociedad creo que nos tiene en buena estima, tiene buen concepto y sí, hay veces que unos trabajos salen mejor, otros peor, pero la mayoría de las veces atendemos a las personas, les ayudamos, tratamos de tener empatía con las personas y tratamos de ayudarlas en todo lo que podamos. Cuando una persona tiene un problema, para ella es el más grande en ese momento, y si encuentra a alguien que se lo puede solucionar, te está siempre agradecido. Y nosotros estamos contentos porque cumplimos con nuestra obligación y nuestra labor.
-¿Cuál es el peor momento que recuerda?
-Malo he tenido varios, sobre todo cuando no llegas al sitio cuando tienes que llegar o cuando después del rescate en un accidente, te fallece la persona. Cuando muere algún compañero, que lo tuve muy cerca. Pues son momentos bastante duros, que cuesta trabajo asimilar.
-¿Y algún buen momento especial que recuerdes?
-Tengo muchas anécdotas, sobre todo en accidentes, que tratas de ayudar a las personas lo máximo que puedes. Recuerdo una vez un accidente con un camión volcado en la carretera de Alange, que era cuando el Extremadura estaba en Primera División. Y cuando llegas allí, tratas de interactuar con el accidentado y ya no sabía que decirle porque el hombre estaba bastante atrapado y estaba sufriendo mucho. Y ya se me ocurrió preguntarle, ¿tú de qué equipo eres? Y me dice el hombre, ¿pero tú te crees que es momento de hablar de estas cosas ahora mismo? Y yo le dije que sí, que de qué equipo era. Y el hombre me pregunta a mí que de qué equipo soy. Y le dije, yo soy del Extremadura. Y me contesta, hostia, qué cojonudos sois, ahora habéis subido a Primera siendo un pueblo humilde y la verdad es que sois un pueblo cojonudo!. Y esa mijita de alegría, de poder hablar con él, me ayudó para evadirle un poco de la situación que estaba viviendo el hombre.
-Tanto tu padre como tú ahora sois personas muy cercanas al pueblo, os conoce todo el mundo y pateais todas las calles, ¿crees que eso es importante para ser jefe de bomberos?
-En esta última inundación, este último percance, tener un conocimiento de las personas y de la localidad es primordial, bajo mi punto de vista. Te da la capacidad de poder actuar creo que de una forma muy positiva. Al conocer a la gente y al saber cómo discurre la situación, a mí particularmente me ayuda muchísimo.
-Y además llevas años siendo entrenador de porteros con el Extremadura, ¿qué te aporta el fútbol?
-Pues es la afición que tengo. A mí siempre me ha gustado el fútbol y he tratado estar ligado a él de la forma que he querido y es una actividad que me ha aportado y me ha enriquecido mucho. Sobre todo porque he conocido a muchas personas de distintas situaciones y países y al final es cultura y te enriquece.
-Es curioso que cuando eras niño el parque de bomberos antiguo estaba junto al estadio Francisco de la Hera. Parece que estaba todo predestinado.
-Sí, yo recuerdo desde niño estar allí con mi padre. Yo conocí el parque de bomberos en el antiguo parque de obras, en lo que ahora es el Hotel Acosta, cuando en el servicio cuando sólo había tres bomberos y había un bombero en cada turno y hacían mañana, tarde y noche y así cada día. Había un pequeño camión y una salita. Luego ya pasó el parque de bomberos a la calle Colombia. Se trabajaba de una forma distinta totalmente distinta a la de ahora y también recuerdo el fútbol. Y ahora estamos 23 bomberos.
-¿Y el futuro cómo lo ves?
-Mi jubilación está muy cerca por el régimen especial que tenemos. Y era una cosa que la veía lejana, pero ya no. Me da pena, evidentemente. Después de 36 años de bomberos y teniendo, para mí, la profesión más bonita del mundo, cuando está llegando el momento piensas, !ésto se va a acabar! Yo por mí estaría toda la vida, pero es importante darle paso a las personas que vienen por detrás. Que vienen empujando, con ganas y que están muy preparados y también tienen que desarrollarse. Es ley de vida.
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