Borrar
La imagen de la plaza de Extremadura, con el toldo destrozado, se convirtió en viral HOY
Nadie ayuda a Martín e Isabel

Nadie ayuda a Martín e Isabel

Destrozos. ​Medio año después de la visita del Real Betis una familia almendralejense sigue esperando que alguien se haga cargo de los destrozos causados en su negocio

Paco Galeano

Almendralejo

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Martes, 9 de abril 2024, 22:05

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

El próximo uno de mayo se cumplirá medio año del partido que enfrentó al Hernán Cortés y al Real Betis en el Francisco de la Hera con motivo de la primera ronda de la Copa del Rey. De aquel choque quedó el resultado, la abultada victoria verdiblanca por 12-1, y la buena caja que obtuvieron los diferentes establecimiento hosteleros de Almendralejo. El estadio se llenó aquella noche festiva de uno de noviembre, y a pesar de las diferencias claras entre ambos oponentes, los aficionados verdiblancos, tanto de Sevilla como de Extremadura, no perdieron la ocasión de poder ver a los suyos de cerca y desde muchas horas antes del inicio fijado para el choque poblaron las calles de la capital de Tierra de Barros.

La visita benefició por tanto a la ciudad por la buena imagen que se dio de ella al poder acoger partidos de este tipo, y, principalmente, a la hostelería local. Aunque sobre esto último el beneficio no fue para todo el mundo. Es más, a algunos este partido les acarreó unas pérdidas económicas por encima de los 5.000 euros. Y es que seguro que de aquel partido recordarán también el mal comportamiento de algunos aficionados del conjunto sevillano, que desde horas antes del encuentro montaron su particular cuartel general en la plaza de Extremadura, a escasos metros del estadio.

Allí, además de calentar el ambiente con sus típicos cantos, la emprendieron también contra parte del mobiliario urbano. Aquellas imágenes del auténtico basurero en el que se convirtió la plaza siguen aún en la retina de muchos, aunque aquello está ya olvidado para la mayoría. A los que no se le olvida el día y lo ocurrido es a Isabel y Martín, dueños de la churrería El Pilar. ¿Recuerdan que ocurrió con su toldo?, pues a día de hoy no han sido capaces de que su compañía de seguro se haga cargo de lo ocurrido. En total, más de 5.000 euros en pérdidas que es lo que a ellos les ha costado el toldo, las mesas y sillas que terminaron inservibles, o la pintura que tuvo que recibir de nuevo la fachada de su negocio.

El seguro

Tanto Isabel como Martín no se explican cómo a pesar de tener una cláusula en su seguro que tiene en cuenta este tipo de actos vandálicos, a la hora de la verdad la aseguradora se desentiende. Y todo ello a pesar de haber podido demostrar todo lo ocurrido a través de infinidad de fotos y videos que presentaron a la compañía. Para Martín les ha pasado «lo que ocurre con todos los seguros. Las pérdidas tienen un valor de más de 5.000 euros, es más de lo que pagamos por el seguro, y se lavan las manos».

Martín aún se acuerda de lo ocurrido aquel día y aclara que su establecimiento estaba cerrado ya que su horario es de cinco de la madrugada al mediodía. Ese uno de noviembre, algunos aficionados ya se sentaron en su churrería antes de cerrar, pero lo que no imaginaba es lo que iba a ocurrir en su puerta a primera hora de la tarde, cuando una serie de llamadas y me mensajes de Whatsapp, con videos y fotos, lo despertaron de la siesta, a la que recurre para poder madrugar. Llamadas y mensajes que le advertían de lo que estaba pasando en las puertas de su negocio.

Marín no podía creer lo que estaba viendo. Se vistió rápido y salió a la calle, y lo que allí se encontró tampoco le ayudó. Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que allí se encontraban ya habían decidido no intervenir, ya que en aquel momento se pensó que hacerlo podría provocar un altercado mayor. Lo mejor, debido también al escaso número de efectivos, fue tener a esos aficionados radicales allí concentrados y esperar su desplazamiento al estadio minutos antes del inicio del partido. Ese fue el momento, con la plaza ya vacía y el estadio a rebosar, en el que Martín e Isabel se dieron de bruces con la realidad. Su negocio, que solo llevaban gestionando cuatro meses, había servido de entretenimiento previo a los aficionados más radicales. Lo que no esperaban es que a estas alturas, y después de seis meses, todo el mundo se haya desentendido de lo ocurrido y los hayan «dejado tirados» como ellos mismo dicen. Aquel uno de noviembre no toda la hostelería de Almendralejo salió ganando. A Isabel y Martín aquel partido les costó más de 5.000 euros.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios